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Los trabajadores ganan más que los jefes

Los trabajadores ganan más que los jefes

Pensar que los trabajadores ganan más que los jefes escapa de cualquier clasificación. Si formulamos la pregunta  “¿Los trabajadores ganan más que los jefes?” en cualquier fórum, de entrada la respuesta será: “No”.

El trabajador es quien ejecuta el trabajo encomendado, el que tira de la locomotora, el que sufre las inclemencias del tiempo y de todo tipo, el que vive en primera persona los problemas que surgen cotidianamente, por un  sueldo minúsculo en comparación con el de sus jefes.

A los jefes se les valora diferente y perciben unos emolumentos superiores por poseer una serie de cualidades (compromiso con la empresa, valentía, poder de decisión, resistencia a la presión, carisma, capacidad de comunicación…) Eso es, cuando menos, lo que sucede en la mayoría de empresas. Pero ¿qué sucede en el mundo del deporte?

El entrenador (el jefe) de un equipo intenta comunicar a sus jugadores las ilusiones y los sueños de su alma de deportista. Decía Nietzche:

«Arriesgarse, sin guía ni compás, por el océano de las dudas es la perdición para un cerebro joven».

Y, sin embargo, el deportista/trabajador suele ganar más que su jefe.  Aunque recordemos a Beethoven: el arte no puede deshonrarse al tratar aspectos escandalosos. Asunto delicado.

La difícil tarea de ser jefe

El entrenador (el jefe) de un equipo es un director de orquesta. Y  pese a que la orquesta sea excelente, el director no solo debe dirigir. Tiene que preparar todos los detalles, su disposición y su proporción armoniosa dentro del conjunto. El director de orquesta tiene que saber luchar contra las malas costumbres que a menudo se introducen en la orquesta, contra la mecanización que conduce fatalmente a la rutina. Y para evitarlo, debe mantener la vivacidad del sentimiento artístico en sus músicos para conseguir que la música hable.

En el mundo del deporte, sucede exactamente igual. La técnica está al servicio de una finalidad más elevada. El director/entrenador (el jefe) debe empezar por ser riguroso consigo mismo, preguntarse si consigue hacer comprensibles sus ideas y sus sentimientos. No se puede exigir todo a los demás.

La idea que no debe perderse de vista es establecer una comunicación. Toscanini, considerado como el más grande director de orquesta de su época, decía que la orquesta tiene tendencia a declarar fácil una obra muy conocida, y por tanto, a no poner toda la atención necesaria en su ejecución. De nuevo, la coincidencia con lo que sucede en el mundo del deporte es enorme.

Sin embargo, el deporte no funciona como las empresas. ¿Qué entrenador (el jefe) cobra más que sus jugadores? Entonces, si a un entrenador (el jefe) se le paga menos, estarán de acuerdo conmigo en que hay algo que no cuadra.

Hace años, le preguntaron a Pau Casals: “Cuando un día dirige, y al día siguiente toca el violoncelo bajo la batuta de otra persona, ¿cómo se las apaña para pasar en 24 horas del papel de general al de simple soldado?”. Y Pau Casals contestó: “Siempre soy general”. La gran diferencia en este caso es que el entrenador (el jefe) no cambia nunca los papeles.

Definitivamente, cuando el soldado gana más que el general, es que algo no funciona.

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